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El escritor y sus preguntas
(publicado en el suplemento Cultura del diario Perfil)
LA HISTORIA DE LISEY
Autor: Stephen King
Género: Novela
Otros libros del autor: It, Misery, Carrie, La hora del vampiro, El resplandor.
Editorial: Plaza & Janes, $46.
Harold Bloom, probablemente sin desearlo, en el 2003 le hizo uno de los mayores favores a la carrera literaria de Stephen King cuando, a raíz de que el escritor acababa de ganar el National Book Award, sentenció –entre otras cosas- que darle ese premio a un escritor especializado en el terror era el terror de la literatura. A partir de entonces, las aguas se dividieron. Si hasta allí King era reconocido por su abrumadora cantidad de lectores, la diatriba de Bloom generó que la mayoría de críticos y reseñistas tomaran una postura clara en relación al autor –en la mayoría de los casos, rescatándolo-. Se sabe: cuando habla la soberbia desde el encierro de un claustro académico quien suele contestarle es el peso de la empiria.
Es probable, también, que la adjudicación del premio a King y la diatriba de Bloom haya tenido impacto en el propio autor. No es difícil imaginar al escritor meditando acerca de la totalidad de su obra, de la inclusión genérica de sus libros en un género menor como es el terror, y cómo plantearse hacer una obra –por así decirlo- seria. El resultado de esa voluntad de autolegitimación sería La historia de Lisey, su última novela.
Scott Landon –escritor reconocido, vendido y que incluso ha recibido prestigiosos premios- ha muerto hace dos años. Su mujer, Lisey, aún está de duelo, aún sobrelleva el dolor de la pérdida. Scott, se descubre, poseía una doble vida: para el público era poco más que una máquina de escribir, mientras que en privado –y por en privado debe entenderse su relación con Lisey- era un hombre que escondía dolores profundos y, se intuye, demonios intensos. A partir de lo que se constituye casi como una excusa argumental –un catedrático desea obtener manuscritos de Scott y, al mismo tiempo, un demente considera a Lisey la Yoko Ono del escritor pues le habría coartado una carrera que hubiese podido ser mucho más brillante-, Lisey se ve obligada a volver sobre sus pasos y recordar lo que deseaba relagar al olvido y, también, adentrarse en aquello que Scott mantenía oculto aún para ella. El amor, la relación amorosa que tenían, descubre, eran sólo una parte de su marido.
Hay, en La historia de Lisey, tres preguntas que constituyen la columna vertebral de la novela.
¿Cuál es la diferencia entre lo público y lo privado? Cuando enfrentaba a sus lectores en presentaciones y actos de homenaje, Scott era un tipo muy simpático. Lisey misma se asombraba de la facilidad que tenía su marido para caerle bien a la gente, para interactuar con desconocidos, para recordar pequeños detalles que reconfortaban a sus interlocutores. El público, por así decirlo, veía en Scott un autor de peso, cuyas palabras tenían valor. Sin embargo, en privado, Scott era muy distinto. Y siempre decía que había encontrado en Lisey su contraparte ideal, la persona que lo comprendía pese a –o gracias a- que no sabía nada de literatura. En una parte de la novela, ella le dice a su marido que lo quiere mucha gente, que cuando hizo la lectura de su último libro el público lo aplaudió de pie. Scott le responde: eso no es amor, eso es curiosidad. El amor, de esta forma, es privado. Lo cual nos lleva a la segunda pregunta.
¿Qué es el amor? La respuesta de King es romántica por antonomasia: todo. La relación Lisey-Scott completa a ambos. Se comprenden, se quieren, se comparten. Scott encuentra en Lisey la persona con la cual puede permitirse no ser el personaje público, y Lisey encuentra en Scott la persona con la cual reconstituirse a sí misma luego de una vida familiar traumática. Y, en esa relación, no entra lo público. De hecho, por lo que se lee en la novela, no entra nada porque no es necesario que entre algo más y, fundamentalmente, porque es necesario que no entre nada. Y, sin embargo, en esa aparente completitud hay huecos, espacios en los que Lisey no consigue ingresar. Lo cual nos lleva a la tercera pregunta.
¿Qué es la locura? King intentó responder este interrogante en más de una oportunidad. Es probable que su aproximación más interesante sea El resplandor –quizás la única novela de King que originó una buena película-, donde Jack Torrance enloquecía rodeado de fantasmas pero, fundamentalmente, en su vano intento por escribir una novela. El abordaje de un escritor a la ficción es, para King, una caminata por un precipicio que tiene a la locura por abismo. El sólo hecho de crear es, desde esa óptica, loco. Y, en muchos casos, también lo sería el identificar obra con autor.
Así como en su veta central –el terror- Stephen King supo interpretar con maestría los miedos de la clase media americana, en su última y brillante novela se mete en terrenos más íntimos, más comunes si se quiere, pero también mucho más inquietantes.
2 comments 24/07/2007


