Aclaración
17/06/2008
Para la nota que salió el domingo en Clarín, me enviaron las preguntas por mail y respondí por la misma vía. Las limitaciones de espacio lógicas del medio hicieron que se publicase un fragmento de las respuestas, y como tener y desarrollar un blog es casi gratis me permito publicarlas acá en forma completa.
Siempre resulta difícil hablar de algo general como “el joven narrador argentino de hoy”, porque son un universo heterogéneo.
Sin embargo, hay algunos elementos que es probable que representen a la mayoría:
a) por lo general, no tienen una postura pública en cuanto a lo político (lo cual no quiere decir que no la posean, sino simplemente que no creen importante manifestarla);
b) tienen mucha dificultad de acceder al mercado editorial, poco proclive a recibir obras de ficción (tanto de jóvenes como de no tan jóvenes), por lo que son proactivos en cuanto a engendrar mecanismos alternativos de difusión de sus obras (blogs, lecturas públicas, etc.);
c) lo poco que publican, suelen hacerlo en forma desperdigada (antologías, blogs, etc);
d) cada uno reclama su particularidad y especificidad, pero suele ser visto por los lectores como parte de un conjunto (los jóvenes narradores de hoy) que, al menos en apariencia, niega esas particularidades;
e) es muy ecléctico en cuanto a los modelos literarios que toma para el momento de la escritura (desde Borges o Cortázar a Stephen King o Manuel Puig, pasando por Lamborghini, Saer, Aira, Piglia o Bioy Casares);
f) por lo general, no toma referentes literarios (lo que no significa amistades, que por suerte las hay) de los escritores argentinos de la generación inmediatamente anterior;
g) no tiene demasiado presentes debates que dominaron la escena literaria de otros tiempos, tales como Borges sí vs. Borges no o Mercado sí vs. Mercado no.
En parte está respondido en la pregunta anterior.
De todas formas, me parece que los escritores de la generación anterior también fueron presentados como grupo (babélicos, planetarios, etc.), y hoy que el tiempo ha transcurrido se detectan cuáles son las voces de esos grupos que permanecieron.
Los jóvenes escritores, por ahora, suelen ser vistos sólo como integrantes del grupo (lo cual genera que, en muchos casos, digan “no me siento parte de ninguna generación” aunque, contradictoriamente, suelen participar de antologías generacionales) y sólo el futuro determinará cuáles de esas voces sobreviven. Creo que las diferencias no son tantas o no resultan claves como para suponer que la nueva generación es mejor o peor que la anterior.
Lo cierto es que ésta aún está en formación, y la riqueza de leerlos yace justamente en eso.
Por fortuna, en esa respuesta, sí, entra todo.
No sé si los blogs son determinantes. Sí es cierto que han establecido algunas modificaciones.
En los blogs un escritor se puede permitir mostrar borradores, textos sin corrección, ideas sueltas, que por lo general no se atrevería ni borracho a publicar en formato libro –por suerte-. Esta instancia previa de contacto con lectores modifica –o, mejor dicho, podría modificar- la relación de los escritores con su literatura, en cuanto permite una etapa de interacción más relajada.
De hecho, creo que si una palabra define a la nueva generación es “relajados”: en cuanto a ciertos debates, en cuanto a ciertas desazones y, también, en cuanto a qué sucederá con lo que ellos escriben. Lo cual no es ni mejor ni peor que otras generaciones o grupos, simplemente –y en grado leve- distinto.
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