HOUSE M.D., de David Shore y Bryan Singer (serie)
01/06/2006
Antes que nada, una aclaración. Al igual que la mayoría (supongo), las series ambientadas en hospitales me tienen harto. E.R., que se supone está ubicada en la cúspide de esta pirámide plagada de escalpelos y estetoscopios sólo sirvió para dar a conocer al gran George Clooney: el resto, fue poco más que una telenovela.
Sin embargo, así como debo reconocer que pese a las recomendaciones me acerqué a House M.D. con cierta aprehensión, también debo afirmar, ahora, que fue una sorpresa más que grata. Surge, entonces, la primera pregunta. ¿Qué es House M.D.? O, mejor dicho, ¿quién es el doctor House?
Gregory House (Hugh Laurie, en lo personal lo recuerdo como el loquito que manejaba una especie de helicóptero precario en alguna de las Mad Max, no sé cuál pero esos ojos de huevo duro son difíciles de olvidar, aunque en aquel entonces era rubio) es médico clínico. Es decir, es un especialista en todas las enfermedades, aquel que debe detectar la enfermedad para que, llegado el caso, luego sea tratada por un especialista. Justamente, la mayor especialidad del doctor House radica en que sabe diagnosticar como nadie. Dirige un equipo de tres médicos especialistas que lo ayudan cuando los síntomas, en su conjunto, no condicen con lo típico de una enfermedad.
Gregory House, además, tiene una curiosa (o no tanto) hipótesis: los pacientes mienten. Por vergüenza, por no quedar internados o vaya uno a saber los motivos, los pacientes tienden a escatimarle información a los médicos o, peor aún, brindarle datos falsos que, en la práctica, los desorientan aún más. Uno de los capítulos de la primera temporada trata sobre una mujer que, avanzado el capítulo, se teme que padezca un mal propio del África, y de ser esto así la única forma que lo haya contraído es por vía sexual. Como la mujer está felizmente casada (y, a esa altura, en coma), la única posibilidad es que ella o el marido hayan sido infieles. El hombre lo niega, y a su vez dice que ella sería incapaz de algo semejante. Finalmente, accede a que apliquen en su esposa el tratamiento sobre esa enfermedad, y al descubrir que ella se cura -es decir, al comprobar que ella le había sido infiel- la abandona. Con vida.
El doctor House, a partir de esa hipótesis que rige su trabajo, es un tipo de pocas pulgas. Prefiere no tratar con los pacientes en persona -tráiganme los resultados de los análisis, suele decir-, y cuando no tiene más remedio que enfrentarlos los maltrata, al igual que a sus ayudantes y compañeros. De una forma u otra, todos lo toleran. La razón es muy sencilla: Gregory House es un genio, y más allá de su mal carácter y su personalidad hermitaña siempre termina por salvar a sus pacientes, por vencer a la enfermedad.
Por si fuera poco, es adicto a los calmantes. Tiempo atrás padeció un infarto en la pierna, y debieron quitarle algunos músculos, razón por la cual el tipo se queja todo el tiempo y se traslada de un lado al otro apoyado en su bastón.
En fin: el doctor House es un tierno que la va de duro, pero cuando la va de duro lo hace hasta las últimas consecuencias.
Uno de los mayores aciertos de la serie es el planteo: el villano, por así decirlo, es la enfermedad. Y el paciente, además de víctima de la enfermedad (lo cual resulta la columna vertebral de todas las series hospitalarias), es en cierta forma su aliado. La enfermedad se oculta luego de haber cometido un crimen, y el doctor House debe desentrañar el misterio apelando a la lógica e investigando por distintas vías. Lo que se dice un verdadero detective.
No importan tanto los principios médicos -que los hay- como la forma en que el detective/clínico se enfrenta a la enfermedad/criminal para dejarla al descubierto. Mientras en el policial clásico el criminal descubierto es castigado con la cárcel, en doctor House es castigado con la cura.
Entre los creadores de la serie figura Bryan Singer, el mismo que dirigió “The usual suspects” y las dos primeras partes de “X-Men”, un tipo que sabe cómo narrar y cómo explorar en la psicología de los personajes. De hecho, en alguno de los capítulos se permite un cameo. No es casual su presencia, porque la serie explora con sabiduría la psicología de los personajes, con una trama sólida.
Está el amigo de House, experto en cáncer, de buen corazón (al menos el suficiente para soportar a su amigo). Está, también, la directora que lo aguanta porque reconoce sus virtudes pero siempre intenta fijarle (infructuosamente, por suerte) límites. Y los tres ayudantes tienen perfiles diferentes pero complementarios. Sólo destacaré a la doctora Cameron (la de la foto de acá al lado), no sólo hermosa sino perdidamente enamorada del doctor House. Y uno, al verla, envidia a ese tipo con toda el alma.
Otra de las virtudes de la serie son los diálogos y, fundamentalmente, el manejo de los silencios, el saber cuándo en una conversación las palabras sobran y un juego de miradas, en la piel de buenos intérpretes, es una ayuda inmejorable para la trama.
La serie terminó su segunda temporada en Estados Unidos la semana pasada, con un capítulo imperdible, que da una vuelta de tuerca más que interesante acerca de House y su utilización de la lógica para resolver casos: él es el paciente.
Lo dicho: las series hospitalarias generan sabios resquemores y urticarias, pero el doctor House merece una oportunidad.
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1.
Leio | 19/12/2007 at 10:21 am
House es una de las series mas solidas, mejor narradas y de las mas atrevidas, que rompe moldes y esquemas. No subestiman al espectador, lo desafian. Los personajes estan muy bien definidos, tanto desde lo actoral hasta lo psicologico de sus personalidades. No hay errores en la linea narrativa y afortunadamente siempre le encuentran una nueva vuelta de rosca para mantener las espectativas continuamente en alza. EXCELENTE!
2.
caroline | 18/03/2009 at 3:27 am
dr. house es lo mejor lo veo todos los martes me encanta