Archive for Junio 2006

Hasta pronto

Cambiasso se paró frente a la pelota, pateó y el mundial se terminó.

Como muchos, me abrazó una sensación de angustia. Fernanda, mi querida amiga, lloró ahí mismo, en la pizzería. Yo, en cambio, no. Me mantuve cabizbajo hasta que, de regreso al laburo, mi otra querida amiga, Natalia, preguntó cómo estaba. “Como el culo”, dije, y ahí sí lloré.

Hay quienes sostienen que el fútbol, y en particular los mundiales, son una payasada para entretener a las masas. En ese sentido, también podría serlo cualquier pasión, desde el amor hasta la cinefilia. En ese sentido, esos payasos que sostienen sandez semejante deberían echarle un vistazo a “Gladiador”, de Ridley Scott.

Hay quienes se apasionan por el fútbol, hay quienes lo hacen por una orquídea (el nombre que reciben éstos, créase o no, es “orquidiotas”). Hay quienes sólo ven poesía en una hoja impresa, en un tono grandilocuente. Hay quienes, en cambio, vemos poesía en un pase de caño de Tévez dentro del área.

La selección quedó eliminada, es cierto. Murió, como se dice, con las botas puestas. Un conjunto humano inusualmente joven para estas latitudes respetó su propuesta hasta el minuto final, y así como la fortuna había estado de nuestra parte en la temprana apertura del marcador ante Serbia, fue esquiva en los penales. Y no lo digo por las ejecuciones: Franco no se tiró nunca para el lado correcto, vaya uno a saber qué le dijo el Pato Fillol (ese Gran arquero de penales) antes de la definición. No, la fortuna había sido esquiva antes, con esa lesión obtusa, pueril (por el modo, no la gravedad), de Abbondanzieri. En ese momento comprendimos que el haber dominado hasta entonces, el haber jugado sin vértigo pero con constancia, quizás no sería suficiente. Y no lo fue.

Los mediocres de siempre le echarán la culpa al árbitro. Una verdadera estupidez. Uno, que recuerda a Codesal, sabe muy bien que este árbitro no desniveló el partido: si bien tendió a favorecer a Alemania en algunas jugadas dudosas, no expulsó a ningún jugador nuestro, no anuló gol alguno ni inventó ningún penal. De hecho, el partido terminó empatado. Había dominado Argentina, es verdad; Alemania (ese gran cuco sólo por ser el dueño de casa) terminó pidiendo la hora como si supiera ese desenlace en penales, es verdad. Pero el partido terminó empatado, y resultaría absurdo suponer que el árbitro sabía cómo iba a ser la definición por penales.

Resulta vano buscar ahora un culpable, y lo digo más que nada porque es probable que no lo haya habido. ¿Crespo jugó horrible? Es cierto, pero gracias a Crespo se ganó el primer partido. ¿El cambio de Riquelme por Cambiasso fue amarrete? Es cierto, pero cuando Cambiasso entró en el partido contra Serbia dio vuelta la historia. Incluso Cruz, que no había mostrado nada en los minutos de juego previos, jugó bastante bien.

Es curioso: Argentina dominó el partido, y Tévez jugó maravillosamente bien, pero el equipo falló en los últimos tres cuartos de cancha. De hecho, el gol lo hizo un defensor. Y el gol de los alemanes, nota para el técnico más que para los jugadores, es casi un calco que el de México, sólo que desde el lateral inverso.

Nadie podrá decir que Argentina hoy hizo un mal papel. Quedó eliminado. Fin.

Quizás lo que más lamento de esta despedida de Alemania es saber que Ayala ya no estará en el próximo mundial, que habrá que encontrar un reemplazante, y que de momento no hay ningún otro jugador como él en nuestro país. Claro, quedan cuatro años, y eso tranquiliza.

Quedan cuatro años, y es probable que estos pibes que hoy dejaron todo en la cancha (porque eso es lo que son: pibes, pibes maravillosos) en ese tiempo maduren. Algunos no lo harán, es verdad, algunos (Crespo, imagino) seguirán pensando en sí mismos, en cuánto cobrarán si los convocan. Otros, como Tévez, como Mascherano, como Maxi Rodríguez, estoy seguro de que serán humildes y efectivos gigantes. Y, en ese sentido, ese disparo de Cambiasso no fue un chau sino, en verdad, un hasta pronto.

Pekerman dijo que renuncia. Creo que, si se decidía su continuación, nadie se hubiese quejado. Creo que su sucesor debería ser Bianchi o, mejor aún, que Bielsa retomara la batuta. Esos dos casos son poco probables, por su relación con Grondona. Y, ahora que lo pienso, Alemania 2006 podría tener un efecto positivo: ¿será el último mundial que jugaremos con ese tipo al frente de la AFA?

3 comments 30/06/2006

Chau

Quizás, pienso, el hecho de que nos cuenten historias remite a la infancia, a esa introducción al dormir, a los sueños. Cuando nos cuentan una historia el tiempo se suspende, el mundo se detiene para transformarse en otro, incluso cuando la anécdota sea realista. Con las buenas historias, claro. Con los buenos narradores de historias.

Cuando vi por primera vez “Nueve reinas” me gustó. Lamentablemente, había escuchado antes un comentario de Catalina Dlugi donde alertaba de un final imprevisto, sorprendente, por lo que bastantes minutos antes de saber de esa estafa doble, triple, me la vi venir. Y, sin embargo, la disfruté. Aunque me recordaba a David Mamet, la disfruté. Una historia no tan sencilla (vista desde el final) a partir de un conflicto sencillo. Un ámbito retratado con maestría, un guión tan sólido como la dirección y una actuación notable (la de Darín). Sin embargo, cuando volví a verla no me convenció tanto, más allá de que me siguiera pareciendo buena. Quizás me chocaba, en esa segunda visión, la estructura demasiado perfecta del relato que, si uno sabía el final, perdía cierto encanto.
Con “El aura” me ocurrió exactamente lo contrario. Cuando la vi por primera vez me pareció que estaba bien, me gustó esa transformación del protagonista en el muerto y del muerto en el protagonista, me pareció inusual la inteligencia para el cine argentino (no casualidad, Pablo de Santis había colaborado en el guión), pero sólo eso. Sin embargo, cuando volví a verla, cuando esa pregunta fútil quedó en el olvido (¿es un sueño del protagonista?), me resultó brillante. Los climas, los personajes, el ritmo, el tratamiento de la historia, todo conducía a disfrutar, a dejarse envolver, a casi desesperar por que no terminase.

Fabián Bielinski murió ayer en un hotel brasileño, de un paro cardíaco mientras dormía. Dicen. Dicen, también, que la mejor forma de morir es esa. No lo es, sin embargo, si se tienen 47 años, si se es una de las dos mayores promesas de la cinematografía de un país (el otro, para mi gusto, sería Szifrón, aunque debería dejar de lado, al menos un poco, el ser tan cool, tan agradable), si se tiene un pibe de 11 años, si en forma casi unánime se decía que además de talentoso era buen tipo.
Alguna vez llegué a la siguiente idea: es muy difícil contar buenas historias si no se es buena persona. Resulta casi imposible comprender a personajes muy diversos si el autor no es capaz de ponerse en lugar del otro en la vida real, además de en la ficción.

Fabián Bielinski murió ayer en un hotel brasileño, de un paro cardíaco mientras dormía. Mi único deseo, además de agradecerle como espectador, es saber qué soñaba en ese momento. Porque, sí, Bielinski tenía sueños. Y se notaba.

Chau.

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Paladar rojo

Para aquellos a los que nos gusta el fútbol, es evidente que los equipos, más allá de sus formaciones, poseen estilos. Esos estilos se pueden detectar, por ejemplo, en cuáles son aquellos técnicos más respetados por las hinchadas: Bilardo en Boca (acertado comentarista televisivo, al mismo tiempo enemigo del juego placentero para la vista) es muy distinto de Ramón Díaz en River (para mi gusto, no sólo un buen técnico que apuesta a un fútbol ofensivo y vistoso sino también un más que sabio comprador de jugadores para el club en el que trabaja), quien a su vez es muy distinto de Menotti en Independiente (la lírica, la seducción de la hinchada: “la relación entre un equipo y una hinchada es como entre un hombre y una mujer”, dijo alguna vez, “si empezás por llevarle flores lo vas a tener que hacer siempre”) o el Merlo de Racing (el juego efectivo pero amarrete, la obsesión por el objetivo en detrimento de la circulación de la pelota). Quizás, pienso, dos técnicos que no son plausibles de asimilar con facilidad a un equipo sean el Coco Basile, quien siempre me cayó más que simpático (dicen que putañero, se la pasa fumando, putea, y no se hace el gran estratega), y Carlos Bianchi (su juego no es vistoso, por cierto, pero debe admitirse que la efectividad, el jugo que le saca a los jugadores -por lo general, de madera- es digno de respeto; y, además, su mal carácter lo ubica entre mis preferidos). Mi única duda, siempre, es el Bambino: ¿es o no un buen técnico? De a ratos pareciera que es un genio, de a ratos un chanta. Pero, si uno escucha sus comentarios durante los partidos, quizás comprenda que ese tipo entiende lo que pasa en la cancha con minutos de anticipación.
Pero bueno, más allá de todo eso, lo que me importa es el estilo de los equipos. Yo, que he ido a la cancha muchas veces, sé que en Independiente eso del paladar negro es cierto: hay que ganar jugando bien. He visto con mis propios ojos cómo la popular no aplaudía en esos triunfos esquivos, amarretes, y que podíamos gritar con orgullo ante un empate injusto en el que el equipo había dado muestras de belleza en el trato de la pelota.
En ese sentido, el regreso del Rolfi Montenegro es una buena noticia: no casualmente el otro club que se lo disputaba era River. Ahora bien, ¿el Chipi Barijho? Digo, está bien que sea un pacto con los mismos representantes que el Rolfi, una forma de asegurar el contrato del otro, pero no me pueden decir que ese pateacalefones de neta raigambre bostera puede ser digno de vestir la casaca roja. Así, una buena noticia se transforma en una mala.
Mi única esperanza, hoy, está en la repatriación de aquel que, probablemente, nunca se debió haber ido: Gustavo López, aquellos a los que nos gusta ganar jugando bien te esperamos.

1 comment 24/06/2006

87

Muchas veces me pregunto por qué se rinde culto a la delgadez. Si el comer es placentero (y desde ya que lo es), la gordura no es sino el recordatorio de dichos placeres.
Así como en un tiempo se transformó al cigarrillo -y, por transición, al fumador- en un enemigo público, ahora se ven datos incipientes de un segundo estadío del dominio del cuerpo foucaultiano: la gordura. Los médicos ya no hacen gestos de desdén cuando el paciente le informa qué y cuánto fuma (a lo cual la respuesta de rigor será, siempre, “mucho”), sino que apunta con su birome el abdomen del pobre desgraciado y le informa que lo mejor será que “comience a cuidarse”. Cuidarse ya no es sólo utilizar preservativo, sino mantenerse delgado.
En mi caso personal, el ataque ha tenido como excusa mi segunda trombosis en diciembre. Que los grupos de riesgo, que la mar en coche. Y, ante ese saber médico que se presenta como irrefutable, no tuve otra alternativa que el sometimiento.
Ayer tuve la entrevista con la nutricionista -me pregunto por qué serán todas mujeres, al menos en la cartilla de Swiss Medical-, quien arrancó con un discurso de “vida saludable”, etc. La interrumpí:
-Mire, tengo que estar flaco. Una vez que eso esté logrado, hacemos todo lo saludable que quiera.
No soy, lo sé, un paciente fácil. Sin embargo, luego de un gesto breve de reprobación, la especialista me condujo a la balanza. 87 kilos, 1 metro 73. Luego, me tendió una fotocopia con todo lo que tengo autorizado comer -lo cual, para alguien que aborrece las verduras, se asemeja a lo que en análisis matemático se mencionaría como “tiende a cero”-. Por la tarde, fui al supermercado. La sensación de empujar un carrito repleto de paquetes verdes -verde=sano, recordé- fue de vergüenza.
Desde entonces, una tostada de pan con salvado untada con dulce light de frutilla se ha convertido en un momento ansiado del día. Y, lo sé, han sido sólo las primeras horas.
Se vienen tiempos aciagos.

2 comments 16/06/2006

Soy tu aventura

Félix Bruzzone me informa que, junto con Sonia Budassi y Violeta Gorodischer (entre otros), han iniciado una aventura editorial, Tamarisco. Desde acá, mis mejores augurios. Quienes deseen enterarse de cómo viene la mano, pueden hacerlo acá.

3 comments 16/06/2006

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