Archive for Febrero 2006
Una de cal y otra de arena
Primero lo bueno. El 12 de marzo a las 9 PM HBO (EEUU) pondrá en el aire el primer capítulo de la sexta temporada de Los Soprano. Según se rumorea, es la última. Al final de la quinta temporada, Tony se quedaba sin competencia para convertirse en el mayor capomafia. ¿Lo será, finalmente? ¿El tío se lo permitirá? ¿Y su psicóloga? ¿Y su familia? ¿El hecho de que sea la última temporada significará que el último capítulo veremos la muerte del Gran Tony? Si en marzo sale allá, estará por acá, como mucho, en agosto. Ojalá.
Segundo lo malo. HBO dio a conocer que rescindió el contrato con los creadores de “Carnivale”, por lo que la historia quedó semitrunca (por lo menos) en el final de la segunda temporada. Una pena.
Add comment 18/02/2006
DEADWOOD, de David Milch (Serie)
En algún momento Jorge Carnevale deslizó, en su columna en la revista “Ñ”, una hipótesis interesante: por algún motivo, los mejores guionistas norteamericanos están migrando del ámbito cinematográfico al televisivo. Supongo que una de las primeras pruebas que corrobora dicha hipótesis es por medio de la negativa: ver las películas que brinda hollywood en la actualidad, donde, más allá de si son buenas o no, resulta al menos poco frecuente ver un guión interesante (por ejemplo, “Buenas noches y buena suerte”, de George Clonney, me pareció muy buena, pero la verdad que el guión no era ninguna maravilla).
La segunda de las vías, positiva, pasaría por ver las series. Hay, en efecto, una gama por lo menos mucho más amplia que antes (¿alguien se acuerda de lo que eran los guiones de “Brigada A”, o los de “BJ”, por citar dos ejemplos?) de historias interesantes en televisión.
La pregunta, entonces, dando por sentada la corroboración de la hipótesis de Carnevale (que merecería un debate mucho más arduo) es por qué sucede esto. Resulta llamativo que ocurra si uno recuerda la introducción (¿o era el epílogo?) de Stephen King a su guión de “La tormenta del siglo”, en la que narraba la odisea de superar la barrera de la oficina de censura del canal en el que debía ponerse en pantalla la miniserie (si no me equivoco, la cadena ABC). Por el otro, una excusa que también sirve para estas pampas (en las que, al menos en lo formal, no existe dicha oficina de censura): el rating, la presión de los directivos de los canales, haría muy difícil el trabajo como guionista de una miniserie (y ni que hablar de una serie). Quizás una de las razones que expliquen este repunte en la calidad de las series que se ponen en el aire esté dado por el rol que ha comenzado a ocupar HBO en el medio (su vía de financiamiento directo por parte de la audiencia evita presiones de los anunciantes, y al mismo tiempo está más a merced de la calidad que precise el público para pagar ese producto que, sí, lamentablemente, es muy caro, lo que le permitió inaugurar la producción de series exclusivas para el cable -si mal no recuerdo, la primera fue la excelente Oz, luego continuada por la perfección de los Soprano-) y por el otro por la misma estructura narrativa de una serie o una miniserie: la extensión más allá de la hora y media permite una mayor profundización en la psicología de los personajes, le da espacio al guionista (de talento, claro) para mostrar claroscuros y, con ello, enriquecer los conflictos narrativos. 
“Deadwood” es un claro ejemplo de esto. Producida por HBO, en nuestro país su primera temporada fue puesta en el aire por el canal FOX. Su creador, David Milch, tiene en su currículum el haber creado la serie “NYPD Blues” y, también, el haber sido compañero universitario de George W. Bush (!!!).
Deadwood es el nombre de un pueblo. Qué digo pueblo, un rejunte de chozas precarias que utilizan los buscadores de oro en la zona limítrofe entre EEUU y Canadá. Un pueblo que, de hecho, no pertenece a un territorio ni a otro, por lo que no posee sistema legal alguno. En otras palabras: la ley del más fuerte. En ese pueblo, el líder es el dueño de la taberna y prostíbulo, Al Swearengen (Ian Mc Shine, en una actuación que le significó el Globo de Oro, es impresionante la voz que tiene, uno lo escucha y se dice que Swearengen no podía hablar de otra forma, ni tener otro tono), probablemente el mejor villano que se creó para la TV en las últimas décadas. Irónico, despiadado, con el correr de los capítulos uno pasa de odiar a ese tipo a admirarlo, incluso apreciarlo, para detestarlo de nuevo. La serie se apoya fundamentalmente en las espaldas de este extraordinario personaje, que es quien mejor ostenta el perfil de la serie. Les guste o no, el resto de los personajes danzan en torno a Swearengen, y la coreografía es maravillosa.
Párrafo aparte merecen los guiones. Secos, plagados de puteadas (hay varias páginas de internet que contabilizan la cantidad de “fucks” que se dicen en un capítulo), con violencia contenida y también de esa que estalla, uno de sus puntos más altos son la forma en que establecen el punto final en cada capítulo, que deja, siempre, con una sensación movilizante, cuyo mayor ejemplo está en los ojos de Swearengen mientras una prostituta se desviste para acostarse con él, al final del capítulo 1.
La primera temporada, que es la que vi, consta de 12 capítulos. En cada uno de ellos se desarrolla un conflicto distinto que, siempre, deja algún cabo suelto. Todos esos cabos coinciden en desembocar en el capítulo 12, que es realmente para verlo varias veces.
Ya lo saben: alta recomendación.
Add comment 18/02/2006
Autobombo

En su número 2.195, correspondiente al mes de febrero, la revista “Caras y Caretas” publica mi cuento “El último día”. Hay, además, un interesante dossier acerca del nuevo panorama político latinoamericano y un inteligente estudio de Mario Rapoport acerca del conflicto con los ganaderos. Claro: en realidad, el “además” le corresponde a mi cuento.
En fin. Avisados.
Add comment 12/02/2006


