Archive for Diciembre 2005
THE BROTHERS GRIMM, de Terry Gilliam
Lo digo sin prolegómenos. Probablemente “The brothers Grimm” no sea una gran película. De hecho, de acuerdo a ciertos cánones, ni siquiera se trate de una buena película. No digo que en años, sino que casi de seguro nadie se acordará de ella en meses. Y, sin embargo, me gustó.
Terry Gilliam es un tipo raro, por decir lo menos y no lo más. Ex integrante de Monty Python (que generan tanto detractores como fanáticos -me incluyo en estos últimos-), en el grupo nunca se caracterizó por sus dotes actorales sino por la impronta estética que le brindaba a los espectáculos de los cómicos ingleses. Ya disuelto el grupo, encaró antes (y con más éxito) que sus colegas
su carrera como escritor, y si bien en la mayoría de los casos los guiones no eran ni son suyos, al ver una película de Gilliam uno ve la firma en cada fotograma. La firma de Gilliam es, fundamentalmente, a mi entender, la desmesura. “Brazil” era maravillosa, lo mismo que “The adventures of the Baron Munchausen” y “12 Monkeys”. Su desmesura, también, lo hace padecer algunos traspiés. “The brothers Grimm” se ubica entre ellos.
El argumento es sencillo: los hermanos Grimm viven en la Alemania dominada por las fuerzas napoleónicas, y se dedican a estafar a los pueblerinos presentándose como capaces de enfrentar a brujas, monstruos, etc. El general francés descubre la estafa, y los condena a muerte, salvo que logren dilucidar a un grupo de estafadores como ellos que asola otro pueblo alemán.
A partir de entonces, la consabida historia del estafador que descubre que aquello acerca de lo que mentía era cierto, y que tiene una posibilidad de redimirse de su escepticismo. Y es en este punto -casi un lugar común, a esta altura del partido- que Terry Gilliam comienza a afilar sus garras y a dar muestra de sus obsesiones, que explican por qué elige ciertos proyectos y no otros. Si hay “un” tema que atraviesa la obra de Gilliam es la relación contradictoria, disruptiva, entre la realidad y la ficción. Y si en algo sobresale su aproximación al tema es el desparpajo, la desmesura que muestra a la hora de dar cuenta de lo imaginativo, de lo onírico. Su visión de la fantasía -dark, si se quiere, y, si se quiere, un antecedente casi directo de Tim Burton- es portentoso, y violento. Los que imaginan salen lastimados literalmente. Los que se atreven a soñar, a ver más allá, entran en contradicción con el mundo cotidiano. Pero esto no desde un punto de vista romántico, sino todo lo contrario: se trata de un choque, y el choque implica violencia. Los que imaginan son, siempre, castigados por quienes ejercen el poder -en “The brothers Grimm” Jonathan Price hace casi el mismo papel que hiciera en “Munchausen”-, y quienes observan esa batalla entre poder e imaginación no toman necesariamente partido por uno u otro.
Decía, en un principio, que probablemente no sea una gran película, que quizás ni siquiera sea buena. Pero la química que se da entre Matt Damon y Heath Ledger está bárbara, casi tan bárbara como Monica Bellucci, casi tan extraordinaria como la creación de climas por parte de Terry Gilliam, que quizás sea monotemático, reiterativo, pero hay que ver qué bien que dice lo que tiene para decir.
Add comment 31/12/2005
BROKEN FLOWERS, de Jim Jarmusch

Gracias al DVD y al reposo obligado, pude ver “Broken flowers”, la última película de Jim Jarmusch. En el currículum del film, el gran premio del jurado en el Festival de Cannes. En el del director, una carrera que tuvo puntos que para mi gusto fueron maravillosos (“Stranger than paradise”, “Down by law”, “Night on earth”) y otros que me resultaron incomprensibles (“Coffee and cigarettes”, “Ghost dog”). A favor de Jarmusch hay que decir que posee un estilo claro, personal, que película a película se infieren los trazos de que demarcan una obra. Ritmo cansino, personajes perdidos o desorientados (más allá de que sean entusiastas como Roberto Benigni), son elementos que, si bien no únicos ni absolutamente originales, permiten identificar un autor.
En “Broken flowers” el desorientado de turno es Bill Murray. Es decir: el actor que mejor ha sabido explotar la desorientación de sus papeles, que, al igual que Jarmusch, la transformó en una parte indispensable de su estilo. La mirada típica de Murray -esos ojos que, de cuando en cuando, parecen preguntarse qué carajo está haciendo ahí- cuadra a la perfección con el universo de Jarmusch, y hay que admitir que cada uno logra aprovechar las virtudes del otro y que, en conjunto, se potencian.
Bill Murray es, en “Broken flowers”, Don Johnston. Hay, aquí, dos juegos de palabras casi evidentes: el primero es el que la mayoría de los personajes enarbolan (“¡como el actor!”, mientras que Don aclara “con una t”); el segundo el que sólo el espectador parece notar: Don Johnston es una traducción casi literal al inglés del Don Juan. Abro un breve paréntesis: a lo largo de la película, desesperanzada de por sí, hay otra señal de hastío: al igual que el juego de palabras del protagonista del que nadie se percata, hay otro (una adolescente provocativa que se llama “Lolita”) que también pasa desapercibido para casi todos (excepto para Don), como si Jarmusch estuviera sosteniendo al menos una de dos cosas: a) la “gente” ya no sabe nada; b) los juegos de palabras y guiños son cada vez más absurdos e innecesarios pues resulta casi imposible compartir el código de complicidad que los sostenga. Cierro el paréntesis.
Don Johnston es viejo, durante un tiempo fue un gran mujeriego y hoy le queda, además de una fortuna, cierto magnetismo que ejerce sobre las mujeres. Un día, su pareja Sherry lo abandona, y el mismo día recibe una carta anónima en la que una ex amante le confiesa que tuvo un hijo suyo, que el chico anda por los veinte y se fugó de la casa, probablemente para conocerlo a él. Empujado por su vecino, Don decide averiguar quién es la mujer que le envió la carta, quién es la madre de su hijo. Un detalle importante es que Don parece más interesado en matar el aburrimiento que en conocer la verdad acerca de su pasado. El resto de la película no conviene adelantarlo, pero desde ya aclaro que resulta difícil entenderla como “comedia” (categoría que le colocaron en el festival de Cannes, lo que me hace suponer que es la que eligió el propio Jarmusch): no sólo los momentos graciosos no abundan, sino que la tristeza es un manto que cubre la película para transformarse en uno de los finales más tristes de los últimos años.
Desde lo personal, me pareció que el final era cruel en exceso para con el personaje. Como si Jarmusch hubiese aprendido a detestar a ese hombre alto, adinerado, que sabía seducir mujeres, y por eso le hubiese asignado el mayor de los castigos imaginables. Y no me refiero a recurso dramático. El final de “A history of violence” dista mucho de la felicidad, pero es contundente y lógico para lo que se narra, por lo que se constituye en extraordinario. El de “Broken flowers”, en cambio, hace que uno se pregunte por qué tanta mala leche. Pero, claro, eso desde una visión personal, que no le resta un ápice de los abultados méritos artísticos que posee. Tan sólo que uno, que se teme solterón como Don, hubiese deseado un poco de piedad.
Add comment 29/12/2005
PEDRO MAIRAL: El año del desierto
Tuve la suerte de conocer a Pedro Mairal en la presentación de “La joven guardia”. Me cayó bien. Durante el acto de presentación propiamente dicho, en el escenario, aprovechó para esconderse detrás de los antologados, cerveza en mano. Más tarde, cuando Maxi Tomas nos presentó, me dijo algo así como “esta noche recién empieza”. Lamentablemente, para mí terminaba pues estaba muy cansado. Mairal me cayó más que bien.
Hasta entonces había leído “Una noche con Sabrina Love” (que no me había terminado de convencer, si bien le reconocía prolijidad en la escritura) y “Hoy temprano” (que me había resultado extraordinario, a años luz de la novela, como si los cuentos los hubiese escrito otra persona, mucho más madura, mucho más decidida y segura). No leí sus libros de poemas, de los cuales tenía buenas referencias, por el hecho de que es un género que en lo personal no me interesa.
Llegué a “El año del desierto”, como podrá entenderse, con expectativas altas. Y, una vez terminada la lectura, me di cuenta que había sido amarrete con Mairal. Voy a decirlo rápido: “El año del desierto” es lo mejor que escribió Pedro Mairal hasta el día de hoy, lo cual ya es decir mucho. No sólo eso: Mairal logra en sus páginas dejar en claro sus intereses -lo íntimo frente a lo público, eligiendo con fuerza lo primero- y al mismo tiempo utiliza esos intereses para explotar el estilo literario. Así, narra una historia que de cajón pertenece al género fantástico desde la óptica de una secretaria/recepcionista, y esa elección le permite fragmentar lo público a partir de lo íntimo: no interesa el proceso histórico que se vive en el afuera, sino que se trata de ir armándolo a partir de la mirada fragmentaria de la protagonista. Y la mirada de la protagonista parte siempre del encontronazo con el exterior, no de un interés personal por abrevar en él. Así, no interesa por qué pasan las cosas -de ahí que no sea ciencia ficción sino fantástico- sino qué cosas de las que pasan la afectan a ella.
En un reportaje que dio a “Página/12″, Mairal dice que intentó dar cuenta de los miedos de la clase media local. No sólo lo intentó: lo logró sin caer en lo panfletario, sin ubicarse en un rol de juez sino, simplemente, de escritor. Perdón: de Escritor. Con mayúsculas.
El tiempo lo confirmará o no, pero, hoy, me parece que Pedro Mairal alcanzó en literatura con “El año del desierto” lo que ya había logrado “El eternauta” en la historieta: la posibilidad de traspasar los límites (del género, del territorio y su pobreza) y dejar boquiabierto al lector. Si el placer de la lectura debiera retribuirse, creo que le debería a Mairal unos cuantos mangos.
2 comments 29/12/2005
NUEVAS VOCES PARA OTRA NAVIDAD – CINCO CUENTOS DE ESCRITORES ACTUALES (antología, prólogo de Sandra Russo)
Finalmente, mientras estaba internado, recibí el libro. Lo primero: la edición es bella, la tapa también, y si bien es chiquitito y cortito (más no se puede pedir por un peso), está muy bien.
En líneas generales, noté que a los cuentos les sucede algo similar: al ser muy reducido el límite espacia, cuesta horrores plantear y desarrollar un conflicto. Sin embargo, también en líneas generales, están bien. Para mi gusto, lo mejor de la antología es “Entonces una estrella atravesó el cielo”, de Natalia Moret, quizás el más navideño de todos los cuentos del libro. En cuanto a calidad, “Fuegos artificiales”, de Félix Bruzzone y “Tu vida sin mí”, de Sonia Budassi, no se le quedan atrás.
Releí el mío, y la verdad que no me convence. Pero bueno, ya habrá otras oportunidades de salvar el nombre.
2 comments 28/12/2005
El resucitado
Bueno, esta vez no estuve ausente por inconstancia, o sí, pero se trató de inconstancia de mi salud. El miércoles pasado, poco después de colgar el post referido a Eduardo Antín, tuve que ir a la guardia, donde me descubrieron una embolia pulmonar. Pasé por terapia intensiva, sala común, y hoy, hace un rato nomás, me dieron de alta. Me indicaron reposo, y, dato no menor, debo estar anticoagulado por el resto de mi vida. Como consecuencia de ello, entre otras cosas, no puedo hacer ni deportes ni agarrarme a trompadas, razón por la cual los debates que aquí se generen se deberán dirimir sí o sí por vía intelectual.
Parece que mi comentario sobre Antín levantó polvareda. Prometo contestar a todos y cada uno. Dénme tiempo.
Add comment 28/12/2005




