Archive for Noviembre 2005

El cine: un debate

Hace unos días se planteó un debate interesante. Julián Gallo dijo esto, y luego profundizó con esto otro. Mi estimado Maximiliano Tomas recogió el guante y planteó esto. Como dije, el debate me parece interesante, y me sumo.

Vayamos por partes:
-en su primera nota, Gallo plantea una hipótesis -en el futuro todo cine será digital y se podrá adquirir a través de internet-. De Popper a esta parte, para validar las hipótesis -en especial aquellas que se meten en la prognosis- debe esperarse. El tiempo dirá si la hipótesis es correcta o no. A mi entender, no lo creo. Cuando surgió la televisión se decretó la muerte del cine, y lo mismo sucedió con la aparición del video, y ahora internet. Lo mismo sucedió con el libro, sólo que en ese caso hay que sumar a la lista de verdugos al cine. Me parece que hay una cierta voluntad por decretar la muerte de tal o cual cosa, el fin de los tiempos y la mar en coche. Por lo general, este tipo de sentencias proviene de docentes y/o becarios universitarios. Por lo general, también, la mejor forma de consolidar una carrera académica es hacer este tipo de afirmaciones, que logran imponer el nombre del autor en el campo en cuestión. Por lo general, además, este tipo de afirmaciones no suelen ser más que la prepoteada de algún recién llegado que desea demarcar territorio y, de paso, asegurarse un puesto académico. Se sabe: el académico no es nada sin sus afirmaciones, y si la pifia suele sacar otra de la manga que la reemplace. Pero en fin, no es la academia lo que está en debate sino el planteo sobre el cine. Digamos, entonces, que se trató de una hipótesis.
-el problema radica en que en el segundo escrito la hipótesis se reformula como imperativo categórico: todo cine debería ser digital, etc., etc. Creo que es más sano plantearse que el autor que desee hacerlo de esa forma lo haga, y si no, no. Con una salvedad: la decisión tiene implicancias económicas, hacer cine tradicional es más caro, y de algún lado ha de salir ese dinero. Lo que nos lleva, creo, al verdadero meollo de la cuestión, que son los créditos oficiales, tema que dejaré para el postre.
-Maxi Tomas plantea algo que es cierto, pero que es cierto a medias. No se puede tirar a la basura a Borges porque al principio lo leía poca gente. Pero digo que es cierto a medias porque se trata de otro medio: Borges escribía sin pedir subsidio alguno, y los costos de imprimirlo resultan un chiste en relación a lo que se debe mover para producir una película. Si bien son parientes cercanos en lo artístico, el mundo literario y cinematográfico tienen un abismo económico que los separa. Por ejemplo: ninguna editorial se funde por editar un fiasco, pero no sucede lo mismo con las productoras de cine (recordar “One from the heart”, de Coppola). Los números son distintos, y si bien la voluntad tiende a verlos en una misma bolsa (por lo general, los que leen ven películas, aunque no suela darse el caso contrario), los números (de los billetes) escinden el universo.
-resulta evidente que todo país debe tener una política, un rumbo. Luego, debe adecuar una política cultural a ese rumbo que decidió encarar (y no al revés). Una vez que decidió la política cultural, debe decidir que hace con la literatura, con la pintura, etc. Y con el cine. Hasta donde sé, en todos los países se efectúan subsidios a la industria cinematográfica. Como se planteó, los costos son demasiado altos para que alguien que desee hacer una película la haga sin más (salvo que tenga apellido cogotudo y la herencia se le caiga de los bolsillos), y la política cultural ha de subsidiar aquello que considere que vale la pena ser producido.
-mi pregunta, entonces, es: ¿cuál es la política cinematográfica de la Argentina? ¿Se puede subsidiar al mismo tiempo películas “industriales” (espero se me permita esta disgreción, imaginemos al menos durante este escrito que las productoras de nuestro país conforman una industria, antes que una aventura más o menos afortunada) y otras experimentales? La respuesta a ello la tiene el Estado. Y soy de los que creen que el Estado somos nosotros.
-resulta, en general, imposible determinar a priori si una película será un éxito o un fracaso. Al mismo tiempo, resulta infantil suponer que un fracaso es una obra de arte y un éxito, en contraposición, es basura para la plebe. Por lo tanto, es doblemente perjudicial (inútil y espúreo) decidir un subsidio a partir de si el proyecto promete ser un éxito o no.
-ello nos lleva a la conclusión. ¿Cómo decidir qué películas subsidiar? Creo que la pregunta es engañosa y, al mismo tiempo, simple de contestar. Basta reformularla. ¿Qué historia vale la pena ser escuchada? Lo que se cuenta, ¿le interesa a alguien fuera del emisor? El proyecto, ¿tiene razón de ser o se trata sólo de un plan trabajar de lujo para todo el equipo de rodaje?
-reitero: debe haber subsidios. La gente que va al cine y paga su entrada deposita impuestos cuantiosos que, por lógica, deberían volver a ellos en forma de películas. De historias. De experiencias. Y no en forma de casa nueva para un director o productor.

Add comment 26/11/2005

La Joven Guardia: Tres novedades

Supongo que con sus últimos estertores, la rueda sigue girando. A la noticia de que la antología entró en su primera reimpresión, lo cual en el panorama editorial nativo no deja de ser un milagro, se suman dos críticas que se difundieron en la web, una de Ariel Bustos y otra de Inés Zarrabeitía (en la que apareció mal mi apellido). Cerati diría gracias totales. Y yo también.

Add comment 13/11/2005

LOST (serie), de J. J. Abrams

Un tipo abre los ojos. Descubre que está tirado en el piso. El piso de la selva. Mira a un costado, y descubre a un perro labrador que lo mira, y luego huye. Sin entender bien qué sucede, el tipo se pone de pie, comienza a caminar en medio de la selva. Escucha voces. Sale hacia la playa. Camina. De repente, vemos la turbina de un avión (de los restos de ese avión) que continúa funcionando, y personas que gritan, que se mantienen en silencio, que caminan sin sentido.

Así comienza Lost. Cuando me la recomendaron en su momento, me dije que no se podía hacer mucho con la historia de un grupo de personas en una isla luego de que el avión en el que viajaban (desde Sydney hacia Los Ángeles) hubiese caído. Ya con Náufrago había tenido más que suficiente. Me equivoqué. Vaya si me equivoqué.

La serie trata acerca de este grupo humano y cómo se las ingenian para (sobre)vivir en esa isla. Cada capítulo se estructura de forma similar. Por un lado el desarrollo de la trama central (la supervivencia de estas personas, lo que acontece en la isla), y por el otro el backstory de uno de los personajes. Una de las mayores virtudes de la serie es que, tanto el plot principal como los backstorys, son extraordinarios. En relación al nudo narrativo, capítulo a capítulo se van descubriendo cosas acerca de la isla en la que fueron a parar, se acrecienta el misterio, pero de una forma muy distinta a, por ejemplo, X-Files; mientras que en la serie de Mulder y Scully era posible detectar que Chris Carter iba llenando huecos a los ponchazos (de hecho, al final no se terminaban de explicar la mayoría de los interrogantes que planteaba la serie), en Lost el desarrollo es perfecto, y ello, casi de seguro, porque el creador y el equipo de guionistas tienen muy en claro hacia donde van. De hecho, en toda la primera temporada y lo que vi de la segunda (cinco capítulos), aún no es posible determinar si se trata de una serie de ciencia ficción, o de aventuras, o de misterio. Capítulo a capítulo, vamos poseyendo nuevas piezas del rompecabezas, vemos que va tomando forma, pero aún nos es imposible determinar cuál es la imagen completa.
En relación a los backstorys, es otro de los fuertes de la serie. Lo que equivale a decir que la mayor virtud de Lost son los guiones. Cada personaje guarda secretos, pero no sólo eso: no se trata de guardar misterios, sino de crear caracteres polifacéticos, que vamos redescubriendo capítulo a capítulo, sin perder coherencia con el anterior. Baste decir que uno de los personajes, antes de la caída del avión, era paralítico, cosa que ni se nos pasaba por la cabeza hasta entonces pero que no resulta tirada de los pelos cuando se observa el panorama general. Y esos redescubrimientos nos hacen comprender, por ejemplo, que el título no hace sólo referencia a ese grupo que está perdido en la isla, sino que cada uno de los pasajeros, a su modo, estaba perdido aún antes del accidente.

Por el lado de las actuaciones, cumplen. Quizás podría objetarse, en términos de casting, el hecho (casi una consecuencia del medio al que pertenece) de que todos los personajes salvo un par sean lindos. No me resulta increíble que se caiga un avión, ni que haya osos polares en una isla de Oceanía, y sí que los pasajeros parezcan salidos del book de una agencia de modelos.

Siempre digo que existen grandes actores pero, fundamentalmente, grandes papeles. Es falso eso de que se le puede sacar el jugo a la aparición de entre bambalinas para afirmar que la mesa está servida: si un actor le saca provecho a ello, lo más probable es que la obra se resienta, que lo que debería resultar secundario deje de serlo y así se desvirtúe el sentido de lo que se narra. Los actores más sabios saben mantenerse en un segundo plano con eficiencia (por dar ejemplos de latitudes distintas: Javier Portales antes y Alejandro Awada hoy, acá, y Ed Harris o Paul Giamatti, allá), para que cuando les toque ese papel puedan aprovecharlo. Terry O´Quinn es de esos actores de los que podemos reconocer sus rostros pero no el nombre: aparecieron como segundones en cientos de series, y por lo general rindieron, lo que equivale a decir que no intentaron opacar al protagonista ni a la historia. Su John Locke no es sólo el mejor personaje que le tocó en la carrera, sino que es una maravilla de construcción interpretativa. O´Quinn maneja a la perfección los distintos niveles que acarrea el personaje, y se convierte en el plato más sabroso del variadísimo menú que ofrece la serie.

Ritmo, inteligencia, guiños para entendidos que no desmedran a la trama general (los que mejor saben manejarse en la isla, los que parecen tener la clave, se llaman Locke y Rousseau), preguntas de esas que nos dejan ansiosos por conocer la respuesta, hacen que Lost sea, de seguro, lo mejor que se hizo en años en la televisión. Equiparable, desde mi punto de vista, con Los Soprano. Es decir, que se ubica en el podio de lo mejor que he visto en la pantalla chica.

Add comment 06/11/2005

LA RANA, formas de la narración (Revista)

Por lo general, los porteños no solemos darle mucha pelota a lo que se produce culturalmente en el interior del país (y me incluyo en la volteada). Canales de distribución segmentarios, difusión selectiva en los medios, hacen no sólo que no consumamos dicha producción, sino, directamente, que ignoremos su existencia. Sin embargo, lo cierto es que en el interior se produce. Y, para el ejemplo que tomaré hoy, se produce muy pero muy bien.

La rana es una revista hecha a pulmón. Basta abrir sus páginas para palpar los movimientos rítmicos, acompasados, del esfuerzo (no sólo respiratorio) que debió implicar para este grupo de aventureros cordobeses enfrentar una tarea, si se quiere, titánica. Páginas a un solo color hablan de un presupuesto acotado, pero también es posible apreciar que el diseño es impecable. Y, fundamentalmente, que el contenido invita a leer, a reflexionar. Lo que, para el panorama editorial, no es poco. Todo lo contrario. La rana, y adelanto el balance final, no es sólo una revista sobre literatura. Es una invitación a ser leída y, también, y más importante aún, a continuar leyendo. Los artículos no sólo están bien fundamentados y tienen una prosa clara y elegante, sino que hacen mella en el lector. Al menos en mí, generaron ganas de releer Gombrowicz, incluso a Vargas Llosa (quien desde su mesianía neoliberal me da, debo admitirlo, un poco de asquito).

En el número 1 se destacan, para mi gusto, las notas de Hernán Arias (a la sazón, editor general) sobre Thomas Bernard y la importancia de los hechos en literatura, y la de Ignacio Barbeito sobre Gombrowicz (con título maravilloso: “El arte de mear contra el viento idealista”). Dejo para el final el plato fuerte del primer número: un reportaje exclusivo a Harold Bloom interesante no sólo por los temas que aborda sino por el simple hecho de que un medio local haya conseguido una exclusiva con el obeso crítico, lo que habla, una vez más, del esfuerzo y la voluntad implicados en esta apuesta arriesgada.

La revista sale cuatro mangos, es trimestral y, hasta donde sé, se puede conseguir en algunas librerías porteñas. Vale la pena. Lo suficiente, al menos, como para que si no la consiguen se la reclamen al amigo librero.

Add comment 06/11/2005


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