Un tipo abre los ojos. Descubre que está tirado en el piso. El piso de la selva. Mira a un costado, y descubre a un perro labrador que lo mira, y luego huye. Sin entender bien qué sucede, el tipo se pone de pie, comienza a caminar en medio de la selva. Escucha voces. Sale hacia la playa. Camina. De repente, vemos la turbina de un avión (de los restos de ese avión) que continúa funcionando, y personas que gritan, que se mantienen en silencio, que caminan sin sentido.
Así comienza Lost. Cuando me la recomendaron en su momento, me dije que no se podía hacer mucho con la historia de un grupo de personas en una isla luego de que el avión en el que viajaban (desde Sydney hacia Los Ángeles) hubiese caído. Ya con Náufrago había tenido más que suficiente. Me equivoqué. Vaya si me equivoqué.
La serie trata acerca de este grupo humano y cómo se las ingenian para (sobre)vivir en esa isla. Cada capítulo se estructura de forma similar. Por un lado el desarrollo de la trama central (la supervivencia de estas personas, lo que acontece en la isla), y por el otro el backstory de uno de los personajes. Una de las mayores virtudes de la serie es que, tanto el plot principal como los backstorys, son extraordinarios. En relación al nudo narrativo, capítulo a capítulo se van descubriendo cosas acerca de la isla en la que fueron a parar, se acrecienta el misterio, pero de una forma muy distinta a, por ejemplo, X-Files; mientras que en la serie de Mulder y Scully era posible detectar que Chris Carter iba llenando huecos a los ponchazos (de hecho, al final no se terminaban de explicar la mayoría de los interrogantes que planteaba la serie), en Lost el desarrollo es perfecto, y ello, casi de seguro, porque el creador y el equipo de guionistas tienen muy en claro hacia donde van. De hecho, en toda la primera temporada y lo que vi de la segunda (cinco capítulos), aún no es posible determinar si se trata de una serie de ciencia ficción, o de aventuras, o de misterio. Capítulo a capítulo, vamos poseyendo nuevas piezas del rompecabezas, vemos que va tomando forma, pero aún nos es imposible determinar cuál es la imagen completa.
En relación a los backstorys, es otro de los fuertes de la serie. Lo que equivale a decir que la mayor virtud de Lost son los guiones. Cada personaje guarda secretos, pero no sólo eso: no se trata de guardar misterios, sino de crear caracteres polifacéticos, que vamos redescubriendo capítulo a capítulo, sin perder coherencia con el anterior. Baste decir que uno de los personajes, antes de la caída del avión, era paralítico, cosa que ni se nos pasaba por la cabeza hasta entonces pero que no resulta tirada de los pelos cuando se observa el panorama general. Y esos redescubrimientos nos hacen comprender, por ejemplo, que el título no hace sólo referencia a ese grupo que está perdido en la isla, sino que cada uno de los pasajeros, a su modo, estaba perdido aún antes del accidente.
Por el lado de las actuaciones, cumplen. Quizás podría objetarse, en términos de casting, el hecho (casi una consecuencia del medio al que pertenece) de que todos los personajes salvo un par sean lindos. No me resulta increíble que se caiga un avión, ni que haya osos polares en una isla de Oceanía, y sí que los pasajeros parezcan salidos del book de una agencia de modelos.
Siempre digo que existen grandes actores pero, fundamentalmente, grandes papeles. Es falso eso de que se le puede sacar el jugo a la aparición de entre bambalinas para afirmar que la mesa está servida: si un actor le saca provecho a ello, lo más probable es que la obra se resienta, que lo que debería resultar secundario deje de serlo y así se desvirtúe el sentido de lo que se narra. Los actores más sabios saben mantenerse en un segundo plano con eficiencia (por dar ejemplos de latitudes distintas: Javier Portales antes y Alejandro Awada hoy, acá, y Ed Harris o Paul Giamatti, allá), para que cuando les toque ese papel puedan aprovecharlo. Terry O´Quinn es de esos actores de los que podemos reconocer sus rostros pero no el nombre: aparecieron como segundones en cientos de series, y por lo general rindieron, lo que equivale a decir que no intentaron opacar al protagonista ni a la historia. Su John Locke no es sólo el mejor personaje que le tocó en la carrera, sino que es una maravilla de construcción interpretativa. O´Quinn maneja a la perfección los distintos niveles que acarrea el personaje, y se convierte en el plato más sabroso del variadísimo menú que ofrece la serie.
Ritmo, inteligencia, guiños para entendidos que no desmedran a la trama general (los que mejor saben manejarse en la isla, los que parecen tener la clave, se llaman Locke y Rousseau), preguntas de esas que nos dejan ansiosos por conocer la respuesta, hacen que Lost sea, de seguro, lo mejor que se hizo en años en la televisión. Equiparable, desde mi punto de vista, con Los Soprano. Es decir, que se ubica en el podio de lo mejor que he visto en la pantalla chica.



