La joven guardia, selección de Maximiliano Tomas
10/08/2005
Salió esta semana, publica el Grupo Editorial Norma e, increíblemente para mí luego de mi experiencia con Los discípulos, está en todas las librerías.
Incluye un cuento mío, Argentinidad. La verdad, había enviado varios cuentos, pero cuando Maximiliano Tomas (el antólogo, un muy buen tipo con el que lamentablemente hasta ahora he estado sólo una vez en mi vida, aunque espero se repita) me dijo que el que quedaba era éste, temblé. La noticia hizo que, en forma casi automática, sintiera que el cuento era una bosta. Y estuve así hasta que el viernes firmé el contrato y me entregaron el libro. Lo releí, y la verdad que no está nada mal. Al menos para lo que yo puedo dar.
La antología en sí, y esto es mérito de Maximiliano Tomas, es muy buena. Abarca muy distintos estilos y, dado el corte generacional (de veinticinco a treinta y cinco años), temáticas diversas y que dan un pantallazo de lo que hoy se está escribiendo y, en buena medida, de lo que es plausible esperar (de las firmas que componen la antología, de otras que seguro aún están en las sombras). Y el horizonte que se traza a partir de ella es, a mi entender, bastante esperanzador.
Como es lógico, hubo cuentos que me gustaron más que otros. A mi entender, los puntos más altos son: a) El hipnotizador personal, de Pedro Mairal (para mi gusto, el mejor cuento del libro); b) La edad de la razón, de Romina Doval (es amiga, pero eso no influye, o no tanto: su cuento es estremecedor, y una vez más logra mostrar las sombras en esos lugares donde sólo vemos la luz); c) El aljibe, de Mariana Enríquez (es impresionante la forma en que le saca el jugo a un argumento de género); d) Siesta, de Gisella Antonuccio (triste y dulce a la vez, deja un sabor en los labios que se mantiene luego de terminarlo); e) Diario de un joven escritor argentino, de Juan Terranova (divertidísimo); f) Las cosas los años, de Pablo Toledo (otro cuento de una tristeza difícil de olvidar); g) Un lugar más alejado, de Alejandro Parisi (atrapante, casi una nouvelle no por extensión sino por la profundidad que consigue en la psicología de los personajes); h) La intemperie, de Florencia Abbate (me fascinó la piedad que mostró para con sus personajes); i) Otra mujer, de Oliverio Coelho (obviaré cualquier chiste para con el apellido, leyéndolo se nota que no tiene nada que ver con Paulo, posee profundidad y no trata de engañar a nadie con afirmaciones ostentosas).
La edición está muy lograda, y la tapa -que ilustra la página- es sencillamente perfecta.
La verdad, siento honor de estar en esas páginas y de compartir espacio con esas firmas.
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